Paréntesis entre garrotazos

Qué bonito es el Derecho. Cuando no es por el bicentenario de una Constitución, es Garzón, Matas, Blanco, o la acusación contra unos padres por castigar a su hija descarriada… La actualidad siempre nos presenta algo interesante de lo que hablar. Y todo el mundo opina, aunque no se tenga ni idea del asunto.

Hoy aprovechamos la excusa del bicentenario de la Pepa, que cada uno utiliza según su interés, para hacer lo propio y abordar el asunto de la actual bipolarización de la sociedad española.

“Ha habido momentos de lucidez puntual y unidad que han destacado entre los garrotazos. Podríamos hacer de éste uno de ellos”.

La Pepa fue un paréntesis de lucided en tiempos difíciles.

Es muy habitual encontrar entre nuestros amigos grandes aspavientos ante una noticia de corrupción o de lo que consideramos una injusticia. Se reenvía a todo el que se puede tal denuncia que parece escandalosa. La obviedad de la tropelía nos anima a evangelizar a nuestro prójimo convencidos de portar la verdad de la buena.

Ahora bien, sólo vemos el vicio en un lado. Toparse con una persona que airee las miserias de los liberados sindicales junto con las de Palma Arena es más difícil que encontrar una aguja en un pajar. Ya sean Okupas, 15M,… ni siquiera en asuntos de terrorismo hay consenso (esto ya es el colmo) y nos encontramos actos de conmemoración del 11M el día 12, ó asociaciones de víctimas que no quieren que se investiguen las pruebas que no se consiguieron destruir ¿Por qué este enconamiento?

Esta crispación tiene mucho de artificial. La gente por la calle no sufre por el Estatuto de Autonomía de Cataluña ni por la Guerra en Irak o Afganistán. ¿A quién beneficia esa radicalización de los discursos? Pues principalmente a los  interesados en que nada cambie para seguir viajando en business a costa del dinero público. No se dejen manipular.

En la Historia de España ha habido momentos de lucidez puntual y unidad que han destacado entre los garrotazos fraticidas a los que estamos tan acostumbrados. Duraron poco, eso sí, pero en ocasiones supusieron un cambio de rumbo muy positivo. No es necesario remontarse a 1812; la Transición o el asesinato de Miguel Ángel Blanco son episodios que no deben olvidarse.

El momento actual, el avezado lector ya se habrá dado cuenta, es de máxima dificultad. El cambio en nuestras vidas es inevitable. Sería magnífico hacer de él uno de esos paréntesis de lucidez y recuperar esa unión excepcional que hemos tenido en las situaciones límite. Ésta lo es.

No es cuestión de hacer la vista gorda ante las desfachateces, muy al contrario, es momento de no ser manada, de cambiar lo que es necesario, de construir más que destruir, y sobre todo de trabajar, no de esperar a que otros paguen nuestros platos rotos.

La solución no está en los demás.

 

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